Los bioplásticos son una solución para la agricultura

Por ROSA PUIG MORÉ Ambientalista experta en agroplásticos biodegradables. Directora comercial de Novamont Iberia. Por su acumulación en el suelo y dispersión en el medio ambiente, la retirada y posterior reciclaje de los acolchados de plástico convencionales (no biodegradables) es uno de los grandes retos de la industria agrícola actual.

Este fenómeno de acumulación de plástico en el suelo se conoce como ‘white pollution’ (‘contaminación blanca’ en inglés) y supone un riesgo para el medio ambiente, ya que pone en riesgo a los organismos y degrada la calidad de la vida de los suelos.

Más allá de malas prácticas, como la quema o el entierro de estos residuos, por desgracia todavía extendidas en algunas áreas del territorio español, el proceso de reciclaje resulta más o menos simple en el caso de los plásticos agrícolas utilizados para los invernaderos, de espesores gruesos con una vida útil de más de tres años y sin contacto directo con el suelo.

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Pero, este proceso se complica con los plásticos para acolchado en contacto directo con la tierra que protegen los cultivos principalmente en horticultura, que son de bajos espesores, difíciles de retirar completamente de los campos y difíciles de reciclar por la cantidad de tierra que se llevan consigo.

Es aquí donde el uso de acolchados agrícolas fabricados con bioplásticos biodegradables, que se biodegradan en el suelo después del cultivo, al no tener que retirarse ni generar residuos difíciles de reciclar, permiten reducir los costes de mano de obra y evitan la contaminación de nuestros suelo al biodegradarse completamente con la acción de los microorganismos del propio terreno.

Es importante tener en cuenta que el suelo es un recurso no renovable (se necesitan alrededor de 2.000 años para formar un estrato de solo diez centímetros) y de vital importancia para garantizar la producción agrícola y el crecimiento de las plantas, pero también es el mayor depósito de carbono del planeta. En nuestro país, según el Programa de Acción Nacional contra la Desertificación, más del 74% del territorio está en riesgo. El uso de bioclásticos como el ‘Mater-Bi’, con certificación de biodegradación en suelo de acuerdo con los principales estándares europeos, como EN-17033:2018, es una solución sostenible y eficiente que elimina el impacto ambiental y los gastos asociados a la gestión de estos residuos contaminantes.

Los acolchados biodegradables en suelo se pueden utilizar en todo tipo de cultivos hortícolas, climas y suelos, aportando los mismos beneficios agronómicos y rendimiento que el acolchado convencional, se instalan con la misma maquinaria, pero añadiendo un gran beneficio ambiental al evitar generar un residuo difícil de gestionar, reciclar y de retirar completamente del campo.

Hay agricultores en España que ya llevan 20 años utilizando acolchados biodegradables en suelo en sus cultivos de tomate de industria, acelgas, lechugas, pepinos, cebollas, calabacines, melones… Es una solución real de la que muchos agricultores, también agricultores ecológicos, hace años que se benefician.

Para Novamont, la empresa en la que trabajo, el sector agrícola es una pieza clave en nuestro modelo de bioeconomía circular, por lo que diseñamos nuestros productos con el fin de aportar una solución a la gestión de los residuos de este sector, evitando añadir contaminantes al suelo y al medio ambiente, sin generar microplásticos y que permiten desarrollar sistemas de cultivo de bajo impacto en los que se pueda garantizar el mantenimiento y mejora de la fertilidad de nuestros suelos.

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Agricultura

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